Rubén Meraz Figueroa *
El Ingeniero Jorge Kondo López, Secretario de Agricultura, Ganadería y pesca del gobierno del Estado de Sinaloa, expresó recientemente en conferencia de prensa, que está a favor de que “en el Estado de Sinaloa se inicie con la siembra de maíz blanco transgénico, en su fase experimental” SIC.
En su disertación, el ingeniero Kondo López entre otras cosas dijo: “El 100% del maíz amarillo importado de nuestros vecinos del norte, es producto genéticamente modificado (PGM)”.
Siguió diciendo; este año, las importaciones de maíz amarillo serán alrededor de once millones de toneladas equivalentes al 50% de la producción nacional de maíz blanco.
Siguió diciendo; este año, las importaciones de maíz amarillo serán alrededor de once millones de toneladas equivalentes al 50% de la producción nacional de maíz blanco.
De acuerdo al ultimo informe (2005) del Servicio Internacional para la adquisición y aplicación de agro biotecnología (ISAAA), un poco mas de 8.5 millones de agricultores de 21 países, sembraron 90 millones de hectáreas de cultivos transgénicos; sin embargo, el 98% de esta superficie se concentro en ocho países: Argentina, EU, Canadá, China, Brasil, Paraguay, India y Sudáfrica; utilizando cultivos como: soja (soya), maíz, algodón, canola y en superficie de mucho menor proporción: arroz y papaya.
El futuro de los cultivos transgénicos, gana terreno y paulatinamente cada vez son más países que se incorporan para producir cultivos utilizando innovaciones tecnológicas con estas características.
Para la aplicación plena de estas innovaciones tecnológicas, habrá que recorrer mucho camino todavía, dado que existe aún considerable resistencia en algunas regiones, principalmente en el Comunidad Europea (CE) donde el 70% de la población rechaza la agricultura transgénica. La mayoría de los campesinos temen por la imagen de la agricultura. Las preferencias de los consumidores en Europa van en dirección hacia una agricultura acorde con la naturaleza.
Pese a esta situación, algunos países de la CE, están facilitando la entrada de cultivos genéticamente modificados en sus respectivas regiones agrícolas; sin embargo, hay otros países que presentan una fuerte resistencia tales como: Alemania, Italia y Bélgica.
La ultima palabra sobre cultivos transgénicos, todavía no se ha dado; pero mientras tanto, cada vez son mayores y en diversas regiones del mundo los agricultores que cambian sus simientes tradicionales por semillas genéticamente modificadas.
VALOR FUTURO
Las tecnologías de los transgénicos avanzan y para acomodarse a las exigencias que el futuro demanda, los cultivos transgénicos se han ordenado en “olas”; se agrupan en tres olas a saber.
Ola Nº 1. Actualmente el desarrollo tecnológico de los transgénicos se encuentra en esta “ola”. Son cultivos con mejoras agronómicas cuyas características morfológicas les hace resistentes a las enfermedades y plagas; tolerantes a herbicidas y a condiciones ambientales extremas tales como: el frío y la sequía. Cultivos ejemplo de esta “ola” son: Soja (soya) tolerante a herbicidas, maíz y algodón, resistente a insectos y papaya resistente al virus.
Ola Nº 2. Se trata de cultivos que generan alimento más sano y nutritivo que los convencionales, por ejemplo, arroz con alto contenido de vitamina A, papas que absorben menos aceite, patatas con mayor cantidad de proteínas y soja (soya) con una composición de aceites más saludable.
Ola Nº 3. En este grupo (es la visión a más largo plazo que se percibe) se encuentran cultivos Bio-reactores para la producción de medicamentos, vacunas, biopolimeros y otros de interés industrial.
Ante este panorama, todo parece indicar que los transgénicos están llegando justo en el momento cada vez mas claro del cambio climático, cuyos efectos, forzarán a modificar las técnicas pre-establecidas o tradicionales, principalmente en la producción de alimentos y en el manejo de los recursos, fundamentalmente en aquellos que desde ya empiezan a ser escasos y se manifiestan en unas regiones mayormente que en otras. Tal es el caso del agua.
No obstante lo anterior y los avances tan definitivos que existen al respecto del uso de estos simientes en algunos países -principalmente emergentes-, la dependencia tecnológica será cada vez mayor. Recuérdese que hoy día, sin transgénicos y con aparente menor dependencia tecnológica, los precios de las simientes los manejan como quieren, ¿Que pasará en el futuro si seguimos “atenidos” a tecnologías “importadas” o exóticas?
Ante un escenario con características de “poder tecnológico que viene de fuera”, seguramente en el futuro inmediato los agricultores de países emergentes, exigirán hacer nuevos esfuerzos en genética agrícola a sus investigadores; dado que de otra manera, sembrarán lo que les “exijan” que hagan, sin poder evitar ser sometidos.
Resulta saludable y muy importante reflexionar al respecto y empezar –en caso de llegar a conclusiones de respuesta- a analizar nuevas acciones, encaminadas a reactivar y reorientar el aparato de investigación que se tiene desde hace muchos años.
Buena suerte para aquellos agricultores cuyas decisiones que tomen respecto a los cultivos transgénicos, sean las apropiadas y que el futuro no presente nubarrones que haga recordar aquellos tiempos que luchaban con la naturaleza para producir. Pero si eso llegara a suceder, siempre habrá tiempo para iniciar nuevos esfuerzos encaminados a defender la libertad agrícola para producir lo que podamos producir.
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