domingo, 25 de mayo de 2008

ACEITES COMBUSTIBLES CONTRA ACEITES COMESTIBLES


VALOR PRESENTE

Rubén Meraz Figueroa *

Algunos países por su gran producción, con facilidad pueden y destinan una parte importante de su producción de semillas de oleaginosas para la elaboración de biodiesel y el resto se utiliza para elaborar productos para consumo humano y exportación a otros países que demandan tales productos o materias primas. Esto es observable en Estados Unidos de Norte América, Canadá, Argentina y otros.

En el caso de nuestro país, este no participa ni en una ni en otra. Por qué afirmo esto; la producción de aceites comestibles (aceite o grasa vegetal), ha venido disminuyendo al grado que las importaciones, tanto de aceite, granos de oleaginosas, así como cebos y grasas de origen animal, son actualmente del orden del 85% de las necesidades industriales y domesticas.

Nuestro país hace dos décadas producía cantidades importantes de oleaginosas a partir de cultivos de: Algodón, Soya, Càrtamo, Ajonjolí, Cacahuate y otros. Estos cultivos dejaron de ser rentables en las regiones agrícolas y con ello su explotación fue desapareciendo.

Los esfuerzos realizados hasta ahora en la producción de oleaginosas para satisfacer la industria oleica nacional es insignificante, por lo que prácticamente las importaciones son casi totales.

Hoy día las intersecciones con los aceites son interesantes, por una parte existen cultivos oleaginosos, que dado por las circunstancias actuales tienen gran demanda, precios por tonelada elevados y aceptable rentabilidad; por lo que resulta necesario explorar nuevamente estas posibilidades de cultivos agrícolas.

Actualmente, las semillas de oleaginosas se “valoran” en relación a su potencial para elaborar alcohol etílico para la producción de biocombustibles tales como: biodiesel y etanol; se ligan por tanto, al precio del petróleo, originando con ello cambios importantes de los precios de acuerdo al comportamiento de los precios que alcance el oro negro.

Actualmente México consume más de tres millones de toneladas de aceites y grasas al año, situación que lo ubica en el séptimo consumidor más importante en el mundo.

El consumo per capita nacional es de cerca de 30 kilogramos al año, mientras que la Unión Americana consume 42 kilogramos, Brasil 27, Argentina 24 y China 18 kg al año.

En nuestro país el consumo crece y la dependencia de aceites comestibles provenientes del exterior es absoluta; por lo tanto, las posibilidades de producir biodiesel son remotas si se hace caso a los modelos productivos actuales que se están proponiendo en las zonas agrícolas -tanto de riego como de temporal- para elevar la producción y mejorar al mismo tiempo los niveles de vida de la población ubicada en esas regiones del país.

VALOR FUTURO

Es evidente que los modelos utilizados en el pasado para elevar la productividad agrícola y mejorar las condiciones económicas de los pequeños agricultores no sirvieron para mayor cosa. Sin embargo, actualmente las condiciones son otras; hoy día las posibilidades de ganar son mayores, factibles y variadas. La demanda mundial de alimentos y productos bioenergéticos es grande y crece, por lo que las actividades agropecuarias presentan –ahora- una excelente oportunidad para concretar posibilidades nunca soñadas.

Es urgente que los pequeños productores constituyan nuevos, eficientes y eficaces organismos de productores, con el propósito de que ellos mismos sean los rectores de una nueva política agropecuaria con visión de futuro moderna, más urgida de estar en los mercados con ambicioso interés de competir y de explorar nuevos productos mas allá de los “modelos” establecidos por la investigación hasta ahora realizada, sin dejar de observar los resultados que ella exponga en el futuro inmediato.

Mientras las dependencias Federales y Estatales, se pierden en “”formas” y “declaraciones”, los productores deben encarar nuevas opciones para mejorar la competitividad, a fin de alentar a todos los agentes económicos que deberán participar en estas oportunidades y transitar el camino que ahora presenta mejores condiciones para caminar en el.

En el Estado de Sinaloa, es posible modificar algunos aspectos de la producción tradicional, de tal suerte que al combinar de otro modo algunos cultivos, se mejore la competitividad y con ello, se disperse y disminuya el riesgo y se eleve la rentabilidad anual.

Un ejemplo para avanzar: las zonas agrícolas de riego en el Estado de Sinaloa están produciendo cantidades importantes de maíz; por qué no aprovechar algo de ese follaje para hacer silos en los meses de marzo y abril. Recordemos que esa es la época más dramática de hambre en la población ganadera bovina, misma que haciende a 1.6 millones de cabezas en la Entidad.

Por otra parte, el modelo de producción agrícola para alimentar al ganado en las tierras de temporal –sorgo para grano y maíz- ha mostrado su incapacidad para satisfacer necesidades mínimas de alimentación, por lo que año con año las muertes por hambre y sed van en aumento y nadie hace mayor cosa para evitar que vuelva a suceder el año próximo.

Entonces porque no adquirir y utilizar verde picado de follaje de maíz para alimentar el ganado en las épocas criticas y utilizar sus terrenos para sembrar en las áreas de temporal, cultivos oleaginosos con poca demanda de agua a fin de cubrir con ventaja económica una gran demanda actual de estos productos.

Para concretar estas posibilidades, será necesario constituir organizaciones de productores que compren y vendan a otras organizaciones. Para ello, deberán estar bien cimentadas, fuertemente apoyadas, actuar con elevado nivel de responsabilidad y acatar un efectivo reglamento interno

Buena suerte para aquellos pequeños productores que quieren estar en un mejor futuro y por ello quieren empujar a los agentes económicos para estar más pronto en los mercados competitivamente.



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